jueves, 4 de agosto de 2016

IRONMAN de Zurich

El sol brillaba radiante y a pesar de ser por la tarde, sus rayos aún se dejaban notar con fuerza a través de los cristales del coche. Acababa de empezar nuestro viaje y mientras recorremos los primeros tramos de carretera, mi puño se apretaba de manera inconsciente a la vez que cientos de imágenes de una bicicleta negra y amarilla sobre ese mismo asfalto aparecían en mi mente. El mismo asfalto que había recorrido una y otra vez durante siete largos meses de duro entreno.










Zurich nos espera. Los días previos son tensos, aunque el evento en sí hace que puedas distraer tu atención y relajar los ánimos un poco. La primera impresión al pisar el lugar donde sucedería todo fue brutal. Me sentí inmensamente pequeño al observar el infinito lago extenderse a mis pies y ver pasar una tras otra bicicletas que me parecían cohetes a manos de triatletas que parecían todos profesionales.

Inevitablemente surgen las dudas, pero la tarea estaba hecha y tocaba confiar en el trabajo realizado. Había estado en buenas manos para ello. Además, lo habían vuelto a hacer. El equipo uniformado con mi dorsal y al completo por enésima vez estuvo presente para darme su apoyo incondicional. Así no se puede dudar. 





Llega el día. 24 de Julio de 2016. A las 4 a.m. comienzan a encenderse poco a poco las luces del camping donde nos alojábamos. Sí, a las 4. Y sí, no era el único loco que se iba a pegar una paliza de campeonato. Mis pies caminaban por inercia, la mirada no es que estuviera perdida, es que no sabía hacia donde dirigirla, y el sentimiento de que el Ironman se engrandecía mientras yo me hacía cada vez más pequeño aumentaba cuanto más me acercaba a la salida.

Llegamos a orillas del lago. Los 1600 atletas esperan encajonados su turno para salir. Unos se meten en el agua para calentar, otros intentan calmar los nervios con saltitos y pequeños movimientos, otros simplemente se abrazan...Absorto en mi pensamiento siento recorrer por mi cuerpo el miedo de arriba abajo. Suerte que esa mañana llevaba puesto el disfraz de valiente. Soy de aquellos que piensa que valiente no es aquel que no tiene miedo, sino aquel que a pesar de tenerlo, es capaz de enfrentarse a él. Y aquí había venido a pecho descubierto. Salen los pros y comenzamos a caminar lentamente hasta que llegue nuestro turno. La sensación es indescriptible en el momento en que el agua toca la planta de mis pies. Estoy a punto de comenzar un Ironman...


Cuando las brazadas se comienzan a suceder desaparecen todas las sensaciones que he ido sintiendo hasta ese momento, es más, durante todo el largo recorrido de ese día no dudé una sola vez de que iba a cruzar la línea de meta. La salida escalonada es todo un acierto, porque nadadores pato como yo pueden hacerse su hueco y nadar sin apenas problemas. Las boyas parecían alejarse a medida que intentaba aproximarme a ellas, pero sabía que la clave era continuar, continuar y continuar y no dar cabida a la desesperación y la ansiedad por querer alcanzar pequeños objetivos antes de tiempo. Recuerdo cuando escuchaba decir que la natación de un Ironman es un simple trámite y el gesto de la más absoluta incredulidad afloraba en mi rostro. Ha pasado un año desde el día que empecé a nadar y con 25m me bastaban para tener que agarrarme al bordillo de la piscina y decir no puedo más.
Hoy puedo decir que seré uno de esos que dirá que si no es un trámite, al menos se le parece. Casi 4 km después y orgulloso de una natación en un tiempo más que aceptable para mí (1h35min16seg), T1 en 5'49'' y vamos a por la bici.



Si había algo que sabía que me podía tumbar eran los 180 km en bici. Nunca antes había realizado tantos kilómetros, es más, sólo una vez alcancé los 150km entrenando. Era el sector donde tenía centrada toda mi concentración, pues sabía que si conseguía salir vivo de ahí, sería cuestión de perseverar a pie. La primera parte era llana y rápida y daba paso a la parte divertida donde recorríamos diferentes pueblecitos a través de carreteras donde abundaban los repechos, pero he de decir que hasta se agradecía ir cambiando de posición en la bici. Llega el km 60, mientras me voy preguntando si habremos pasado ya el puerto conocido como "The Beast", porque avanzábamos y avanzábamos y aún no habíamos enfilado nada demasiado exagerado. Pero apareció...¡vaya si apareció! Las duras cuestas comenzaron a enfilar a los atletas en fila de uno y el cabeceo típico de ascensión se visualizaba entre pedaleos. Tras un largo rato de subida, descenso y vuelta al centro para culminar con la escalada a Heartbreak Hill.



La gente se agolpaba en el duro repecho y dejaba un sólo pasillo para pasar mientras hacían sonar sus campanas y dejaban su aliento a todos los corredores. A pesar de su dureza, el apabullante ánimo de la gente te llevaba en volandas. Primera vuelta completada. Queda otra. No puedo decir que haya pasado lenta, pero tampoco puedo decir lo contrario. Tocaba mantener la mente fría y seguir metiendo el ritmo constante que había llevado hasta ahora. Llevaba ya cerca de 5 horas compitiendo y se vislumbraba lo más duro. Intenté no declinar el ritmo, aunque se hacía bastante pesado rodar y rodar pensando sólo en no dejar de pedalear. No podría describir todo lo que sentí a lo largo de tantas horas, lo que sí puedo decir es que es un sube y baja de sentimientos y estados de ánimo que hay que saber gestionar muy bien para obligarte a seguir una y otra vez. 

Me encuentro en el km 130. Los repechos de la anterior vuelta parecen haberse endurecido y se suceden hasta con mayor asiduidad. Comienzo a llorar. No era porque no pudiera más, aunque de buena gana me hubiera bajado en ese momento de la bici. Como dije antes, no dudé un sólo momento de poder llegar, ni siquiera en ese, pero sí iba asimilando lo que iba a tener que sufrir para hacerlo. Y en el momento más duro de la prueba llegó de nuevo "The Beast". A la altura de carrera que nos encontrábamos, me pareció demasiado cruel. Esta vez en el puerto los triatletas se contaban con cuentagotas y estaba sólo contra el asfalto que tendía al infinito cada vez que giraba una curva. Tras la ascensión que se me ha hecho infinita, he salido vivo..."Vas a tener que hacer algo más que esto para dejarme por el camino" - voy gritando mientras me aferro al manillar de mi bicicleta.

Nunca antes había pedaleado de forma tan constante ni a esa velocidad a pesar de lo empinado del recorrido. Quedaba aún un escollo: subir de nuevo Heartbreak Hill. Hubiera sido un escenario perfecto para darme la puntilla, pero esta vez sé que me esperan. Toca tirar de corage y darme a mi mismo un golpe de moral. Apretando dientes comienzo a ascender la colina como si acabara de comenzar a pedalear. Tras el primer tramo, esperaban escalonados Juanma, Fredy y Yoly que me dieron alas para culminar el tramo más duro que me quedaba. Apenas quedaba gente animando en aquella parte, pero gracias a mis fans, fue el mejor tramo de la carrera.

Tras 6h38min55seg, suelto por fin la bicicleta con la sensación de haberla vencido. T2 en 3'50'' y "sólo me queda un maratón".

Era la primera vez que iba a tener la sensación de correr tras tanto esfuerzo realizado, por tanto no tenía ni idea de lo que podía salir de ahí. Comienzo al ritmo que quiero, con ganas y fuerza, pero a lo largo de la primera vuelta me fui dando cuenta que no iba a poder mantenerlo. Creo que fue el momento clave del Ironman, pues decidí aceptar el ritmo que fuera saliendo en vez de obcecarme en una velocidad que me podía dejar fuera. La segunda vuelta fue sin duda la peor. No había podido ver a mi equipo, el ritmo había caído más de lo que me hubiera gustado y la fatiga y las molestias comenzaron a apretar. Tuve que parar en un baño del que salí con escalofríos y con la sensación de no saber que iba a venir después. Además tenía grabadas a fuego en mi cabeza las palabras de mi entrenador: "La peor vuelta es la tercera". Esto es el Ironman... De nuevo toca tirar de mente fría (que difícil pensar con sensatez a estas alturas). Decidí seguir comiendo y bebiendo a rajatabla en todos los avituallamientos y tomarme el tiempo que hiciera falta para hacerlo. Eso sí, no dejé de correr un sólo metro fuera de los avituallamientos durante cada uno de los 42 km del maratón.

Comenzamos la tercera vuelta...va a ser la peor...pero no pienso rendirme. Sigo, sigo y cabezón perdido sigo corriendo...Quedan dos kilómetros para terminarla y comienzo a encontrarme mejor y subir un poco el ritmo. Empiezan a cambiar las sensaciones y los pensamientos se centran en que la próxima vez que pase por esos metros estaré apunto de entrar en meta. Paso por penúltima vez por al lado de mi equipo y apretando el puño les digo: "Ahora sí..." Comienzo pletórico lo que sería la última vuelta del maratón del Ironman, engañando a la mente, pues andamos ya por el km 32. Esta la quiero disfrutar, aunque me tengo que contener, ya que aún quedan 10km.





A pesar de ir muy justo de fuerzas las calles me saben diferentes esta vez. Intento grabar cada imagen que iban captando mis retinas, absorbiendo hasta el último aliento que recibía e intentando disfrutar de cada sufrida zancada que daba.

Aún recuerdo el sonido de mi respiración entre sollozos a medida que me acercaba a recoger la 4ª y última pulsera que me daba derecho a entrar en meta. Llevaba dos en cada brazo, una por cada una de las vueltas. Y tras 3,8km nadando, 180km en bici y 42 km corriendo, doblaba la última esquina de estos 226km.

Una larga alfombra se extiende hasta la misma línea de meta mientras disfruto de los últimos gritos de ánimo de mi incansable equipo. No se trata de hacer un Ironman...se trata de cumplir un sueño. Uno de esos que aparecen y piensas que es tan increíble que no está hecho para ti...uno de esos que sólo tienes una oportunidad para cruzártelo y seguir su estela. Ese sueño estaba ahora bajo mis pies...después de 12h 49min 54seg no me hacía falta cerrar los ojos para verlo...

"You are an Ironman"




En la soledad tras la meta, mientras mis pies aún parecen deslizarse por el asfalto, voy pensando que se trata sólo de un Ironman...es tan sólo un triatlón...es tan sólo un sueño...

Por todos los que me dieron sus ánimos, por todos los que me dieron su calor en la distancia, por todos los que creyeron en mí...GRACIAS.