domingo, 18 de diciembre de 2016

III Carrera Divina Pastora...

Aunque estemos dando los primeros pasos serios de la temporada, el caprichoso calendario hacía que hoy tocara formar parte de la última carrera del año. Y estaba bastante claro que no quería despedirme del 2016 con malas sensaciones. Así que no quedaba otra que apretar.

Evidentemente había ganas de rodar a un ritmo que se me hace esquivo desde hace ya bastante tiempo, pero la larga distancia me ha hecho reconvertirme un poco y perder esa punta de velocidad. Por ello, a pesar de la tentación, no me salté el entreno de 3 horas de bici del día de ayer y hoy asomaba por la línea de salida con el presagio de que mis piernas pesarían, primero por la inercia que llevaban y segundo por el cansancio acumulado.

Y hoy volví a notar sensaciones pasadas. Decidí olvidarme de la carrera y los corredores y centrarme en mí mismo y en lo que iba sintiendo. Meter un ritmo y mantenerlo. Eso es justo lo que se me da bien (o al menos se me daba). Así que toca sacar el martillo pilón y machacarme un poco. 

La carrera va avanzando y el ritmo parece ir por encima de mis expectativas. Pese a ello no voy asfixiado como en otras ocasiones y parece que es soportable. A medida que pasan los kilómetros sigo ensimismado analizando cómo va fluyendo la cosa dentro de mí.

Llegamos al km 5.3, faltan justo 3 y acabo de adelantar al que parecía mi último reto de la carrera ya que la carrera se había estirado ya lo suficiente como para poner a cada uno en su sitio. En la distancia sólo tengo un corredor que parece mantenerme a raya. Comenzamos a subir y diviso un atisbo de esperanza de poder avanzar tan solo un poco más: el corredor que llevaba delante comienza a mirar para atrás. Todos sabemos lo que eso significa, así que me dio un motivo más para no declinar en mi ritmo.

Voy, voy y voy...cuando el terreno acaba de allanarse tras dos largas calles, lo tengo a tiro. Solo bastó darme un poco de vidilla cuesta abajo para estirarme en mi deseo y alcanzarlo. "Ahora vamos a apretar". 

Y en el último km por fin pude disfrutar sufriendo. Cuando uno sabe que ha ido por encima de lo esperado...cuando salen los planes y eres capaz de ser más y de pasear un poquito tu grandeza por ahí...hoy fue ese día en el que rebajé 10 seg por km al Buyo de hace tan solo un mes y medio. Comenzamos a soñar con la meta y esto promete...

Posición general: 27
Posición categoría: 11
Tiempo: 31'17''
Promedio: 3'46"/km (garmin 3'52''/km)


domingo, 11 de diciembre de 2016

III Trail El Bosque...

Cuando las cosas empezaban a funcionar y comenzaba a disfrutar de unos entrenos que cada vez se hacían más duros, pero a la vez asequibles, llegó la mañana del jueves donde todo hizo crack y un calambre hizo que acabara con el isquitibial derecho contracturado obligándome a parar. Suelo escuchar bastante a mi cuerpo, y aquello me decía que no era un simple pinchazo sin importancia.

Pero de todo hay que aprender y por más que me fastidie estar lesionado, ni la vida se acaba, ni es lo peor que puede pasar. Hay que relativizarlo todo y más si se trata de esto. Sabía que era lo que tenía que hacer, así que me dispuse a hacerlo...al menos a medias.

Tras dos días de parón, masajes, estiramientos, vendajes y demás cosas de fisios, estaba inscrito en un trail...de los largos...de los que te machacan...pero de los que me gustan. Así que el pronóstico para hoy evidentemente era dosificar y no ir como un pollo sin cabeza como había ido en otras ocasiones.

Y menos mal, porque el barro en algunos sitios hacían un poco más peligroso de lo común descender sin control. Al hacer un buen calentamiento, salí un poco más confiado de lo que debería, pero las sensaciones no eran del todo malas. Pese a ello tenía en mente constantemente el no forzar. 

Zancada corta y marcar ritmo, ese era el plan, lo que dificultaba mucho las bajadas, pero no venía del todo mal para subir. Me cuesta mucho pasearme si tengo un dorsal puesto, así que comencé a exprimirme poco a poco. Después de todo podía ser una oportunidad de ser un entreno de calidad.

Tras el tramo más complicado de la carrera, volvimos al pueblo para hacer una pasadita y soltar a los compañeros de la carrera corta y mientras saborear la sensación de ponerme en el lugar del que acababa ya su suplicio, tocaba seguir dando zancadas y presagiar lo que quedaba por venir. 

No fue tan grave como lo anterior, pero el cúmulo de kilómetros en las piernas ya pesaban más de la cuenta. El haber dejado atrás por fin al corredor que llevaba conmigo un par de kilómetros y divisar por los senderos a otros pocos, me dio ánimo para comenzar a meter un puntito más. Estábamos en el km 12 y había olvidado ya la dosificación. Había gente delante y los veía. No hay mayor motivo para apretar. Tras adelantar a varios e ir anhelando durante un rato alcanzar al siguiente, por fin acabo de superar a otros dos corredores a poco de meta, pero uno de ellos se resiste a sucumbir y parece seguirme y comenzar a echar el último aliento.

Esto no me viene nada bien para mi pierna ya que ahora sí que estoy forzando. Se va acercando el tramo final y parece que mi martirio decide forzar y comienza a apretar antes de lo previsto. Decido resistir y meter el ritmo de "last lap" a la vez que adelantamos aún a varios corredores mi sombra y yo. Parece que hemos llegado a la última recta...larga y tortuosa recta que entramos con un frenético ritmo. Confiaba en la fuerza de mi final, pero el corredor que me perseguía como un perro de caza lanza un ataque con fuerza que nos deja atrás a otro corredor que nos precedía y a mí. Estaba a punto de sucumbir y rendirme a la evidencia, pero se me dan mal los finales que acaban en derrota, así que saqué la fuerza que me quedaba...aquella que crees que ya no te queda...aquella que solo tienes para sacar en un momento, porque en el instante siguiente se pierde. Salió. Y tal fue el empuje que adelanté a otro corredor justo antes de meta para entrar el 12 de la general...

No ha estado mal...no ha estado nada mal...acabo hecho polvo y cojeando, pero sabiendo que he dejado todo por el camino. A pesar del dolor de la pierna, las sensaciones no son las mismas que el jueves y parece que la cosa ha cambiado un poco...supongo que era cuestión de relativizar...





martes, 29 de noviembre de 2016

Out...

El pasado domingo fue la primera vez que no acudí a una carrera a la que estaba apuntado. El motivo es lo de menos. Lo importante es que nunca antes había dejado de aparecer en el listado de clasificación tras una carrera.

Y podría echarle la culpa al maldito tiempo, al inoportuno resfriado, al estrés diario que no me deja entrenar, a los compromisos, a mil y una cosas, pero lo cierto es que eso que me ha ido moviendo hasta ahora ha pasado a un segundo plano y no sé si es bueno o malo.

Ganas me sobran y el objetivo es claro y emocionante, pero ahora mismo estoy "out". Habrá que buscar y rebuscar, pero no fuera, sino dentro, para encontrar aquello que te hace mueve a dar el siguiente paso, hasta dar la vuelta completa...

¿Quién se atreve?

martes, 1 de noviembre de 2016

El punto de partida

Nunca me sentí tan alejado. No recordaba una sensación que no fuera la de avanzar en progresión e ir haciéndolo cada vez mejor y mejor. Pero donde me pueden llevar mis pulmones, mis piernas aún no están listas.

Pero no pasa nada. Uno respira y sobre cada lamento no deja un martirio permanente, sino una motivación para cambiarlo. Quizás me haya acostumbrado a ir superando obstáculos y he perdido un poco la perspectiva, pero no hay nada que me ponga más que no ser capaz de hacer algo. Toca reconstruirlo todo con las herramientas desgastadas y volver a poner en el punto de mira un objetivo.

Algo se ha movido en mi interior... el camino ha comenzado... porque lo difícil no es llegar a hacer algo grande... lo realmente difícil es volver a hacerlo.




domingo, 16 de octubre de 2016

II Trail de Olvera...

Antes de recorrer un largo camino, antes de emprender cualquier viaje, antes de comenzar una nueva aventura, siempre hay un primer paso. Aquel que se da de forma consciente o sin haber pensado aún el rumbo. Ese paso lo hemos dado este fin de semana, poniendo en marcha la maquinaria y sacando a pasear las zancadas que llevaban ya guardadas un tiempo.

De nuevo un trail daba comienzo a la temporada, y al contrario que el pasado año, esta vez iba concienciado de que un trazado con tanta cuesta (o algo peor) iba a hacer arrepentirme tramo a tramo de haber escogido esa carrera para estrenarme. A pesar de ello, las zapas de siempre me esperaban para al menos, comenzar a meter el gusanillo en el cuerpo.

Todo empezó cuesta arriba. Un largo y tortuoso camino que nos llevó a coronar el pueblo, para adentrarnos en un vertiginoso descenso, que fue enfilando al numeroso grupo. El descenso fue largo y como de costumbre, suelo moverme bien por estas lides, aunque en una de estas me voy a matar un día. Tanto estiré mis posibilidades que antes de que el terreno se tornara hacia arriba, tenía al grupo de cabeza a tan solo unos metros. 

Pero la realidad fue casi tan cruel como amable fue hasta ahí la carrera. El empinado terreno absorbió rápidamente cada uno de los gramos de energía que tenía en mis pesados cuadriceps. Era un querer y no poder. Donde en otras ocasiones la voluntad había suplido la falta de fuerzas, esta vez esa voluntad no estaba entrenada ni sometida a mis intereses. 

No quise, sin embargo, dejarme llevar por la desazón y decidí tomar una visual poco a poco de lo que ya sabía: no iba a poder ir rápido, iba a sufrir de lo lindo y me iba a querer rendir por el camino. Conocer, no significa aceptar, así que conseguí que aún no se escribiera el guión definitivo sin contar conmigo.

Y lo que pasó realmente fue que tras llegar destrozado a la última recta y tragando aún para que el corazón no se me saliera de la boca, enfilo meta 4º de la general (algo impensable a estas alturas de temporada) y dejo una nueva línea tras mis pasos. Unos pasos que ya tienen rumbo y...¿quién sabe dónde me podrán llevar?


domingo, 9 de octubre de 2016

Ser paciente...

¿Cuántas veces en la vida te han dicho que tienes que ser paciente y que el tiempo irá marcando lo que deba ser? Cientos...miles...e incluso millones de veces entre las palabras que han llegado directamente a mis oídos y las que han retumbado solas en mi pensamiento como un eco inagotable.

Pero la realidad es que la paciencia no es mi fuerte y por mucho que intente interiorizar en mi interior el concepto, lo cierto es que la ansiedad se hace presente más de lo deseado pujando por hacerme precipitarme una y otra vez. La vida de hoy está completamente reñida con la paciencia: prima la inmediatez, presiona la eficacia y cualquier molestia debe ser eliminada con total rapidez para que no llegue a desembocar en ningún trauma subyacente. 

Y es que el tiempo es oro y esa persona perfecta, imperturbable y eficiente que esperan que seas se puede perder en un sólo instante de desidia; un error difícilmente perdonable. Así que mientras vas aplacando la paciencia de los demás, no vaya a ser que les puedas perturbar en algo, le vas dedicando tiempo a construir esa persona que necesitan los demás, mientras que a la vez, le vas exprimiendo el tiempo a construir tu propia paciencia. Y esto puede llegar a ser un gran problema, sobre todo cuando la persona que más te exige eres tú mismo.

Por ello hay que ser paciente, y para ello debes escuchar esas voces que resuenan en tu cabeza, pero solo las que provienen de tu interior. Debes ser honesto contigo mismo y solo en ese momento, podrás empezar a construir la persona a la que tendrás suficiente paciencia como para aceptarla a tu lado.

Aunque no sea el momento y me vuelva a precipitar, veré que puedo hacer con mi paciencia...

Sábado 15 de Octubre
10:00h
II Trail de Olvera

domingo, 25 de septiembre de 2016

Ser el último...

Reconozco que en este tiempo de asueto me he dejado llevar en demasía y he olvidado los días de entreno, de sudar la gota gorda y de devorar kilómetros. Por otro lado, me lo debía y es verdad que me he obligado a ello. Es bueno alejarse de aquello a lo que le dedicas tanto tiempo, a ver qué sensaciones y pensamientos hacen acto de presencia por tu cabeza. Pero claro, volver a retomar desde el punto donde lo dejaste, no se puede. Hay que empezar desde mucho más atrás y cuesta...cuesta mucho.

Por eso debía buscar algo para reactivarme y no hay nada mejor que apuntarte a una prueba para ello (nota mental: hay que elegir bien la prueba). Así que me dejé llevar por el escenario y me arrastré a realizar mi primera travesía: Cruzar a nado la Bahía de Cádiz. Lo que en otra ocasión me hubiera parecido un completo imposible, tras el Ironman, yo me creo que me pueden echar lo que quieran y claro...pasa lo que pasa. El entreno digamos que ha sido discreto, por llamarlo de alguna forma, ni mucho menos lo necesario para una prueba así, y más para mí, que todos sabemos ya como me va en el agua, pero no quería rehuir de mi criptonita y una vez más, me lanzaba a enfrentarme a aquello que podía tumbarme.

Creo que no fui consciente de dónde me había metido hasta que no bajamos del autobús y a más allá de 5km se podían divisar con cierta dificultad las famosas torres de la Casería, que parecían estar mucho más lejos de lo que pensaba. Bueno, esto es nadar, nadar y nadar, así que vamos allá.

Evidentemente me iba a colocar en el primer grupo, que salía antes que los demás para tener más margen, antes de que nos fueran adelantando los que nadan como si llevaran turbinas. Era consciente que iba a perder al grupo y me iba a quedar atrás, cosa que pasó en el primer km, pero íbamos perfectamente acompañados de piragüistas que iban velando por nuestra seguridad. El perder el grupo no me generó ninguna ansiedad, pues sabía que tarde o temprano, pasaría, pero no quería que por verme solo, me pudieran eliminar de la prueba. La verdad que era una oportunidad única en un marco incomparable y no la quería desaprovechar.

Los grupos comenzaron a pasarme y un rato después del avituallamiento, me quedé rezagado del todo. Ya no se avistaban nadadores por detrás y solo un grupillo pequeño se divisaba al frente, que me servía más o menos para orientarme. Y digo más o menos porque quien me estuviera viendo comprobaría que iba dando bandazos como si fuera Dory. Soy todo un novato en esto...pero un novato orgulloso.


Y allí estaba yo. En mitad de la bahía, dándole manotazos al agua y peleándome con las algas por el camino. ¡Hasta se me quitó el gorro! A lo Alistair contra Mola, pero yo solo. Todo un espectáculo vamos. El caso es que fui acercándome metro a metro a unas torres que parecían no llegar nunca. Empezaron a aparecer molestias y notaba las brazadas cada vez más torpes, pero mi único temor era que el barco de la organización se acercara para decirme que lo dejara. 

Enfilo por fin la entrada. Era el último nadador, pero no me importaba; es más, siempre quise ser el último en alguna prueba, probar la sensación de ser el primero de los que no lo hacen. Ser el último significa dar un paso que no todo el mundo se atreve a dar. Había llegado y eso para mí era más que una meta. Si la natación del Ironman ya me parecía una odisea, cruzarme 5km y pico nadando en mar, imagínate.

Muy contento y un poco mareado, logro subirme a la plataforma y me dirijo a que me curen una pequeña herida que me he hecho con una piedra (encima, apaleado). Camino de casa noto que no puedo quitar la sonrisa de mi cara. Y es que parece que hemos tachado una cosa más de mi lista de cosas que pensé que nunca haría...



jueves, 4 de agosto de 2016

IRONMAN de Zurich

El sol brillaba radiante y a pesar de ser por la tarde, sus rayos aún se dejaban notar con fuerza a través de los cristales del coche. Acababa de empezar nuestro viaje y mientras recorremos los primeros tramos de carretera, mi puño se apretaba de manera inconsciente a la vez que cientos de imágenes de una bicicleta negra y amarilla sobre ese mismo asfalto aparecían en mi mente. El mismo asfalto que había recorrido una y otra vez durante siete largos meses de duro entreno.










Zurich nos espera. Los días previos son tensos, aunque el evento en sí hace que puedas distraer tu atención y relajar los ánimos un poco. La primera impresión al pisar el lugar donde sucedería todo fue brutal. Me sentí inmensamente pequeño al observar el infinito lago extenderse a mis pies y ver pasar una tras otra bicicletas que me parecían cohetes a manos de triatletas que parecían todos profesionales.

Inevitablemente surgen las dudas, pero la tarea estaba hecha y tocaba confiar en el trabajo realizado. Había estado en buenas manos para ello. Además, lo habían vuelto a hacer. El equipo uniformado con mi dorsal y al completo por enésima vez estuvo presente para darme su apoyo incondicional. Así no se puede dudar. 





Llega el día. 24 de Julio de 2016. A las 4 a.m. comienzan a encenderse poco a poco las luces del camping donde nos alojábamos. Sí, a las 4. Y sí, no era el único loco que se iba a pegar una paliza de campeonato. Mis pies caminaban por inercia, la mirada no es que estuviera perdida, es que no sabía hacia donde dirigirla, y el sentimiento de que el Ironman se engrandecía mientras yo me hacía cada vez más pequeño aumentaba cuanto más me acercaba a la salida.

Llegamos a orillas del lago. Los 1600 atletas esperan encajonados su turno para salir. Unos se meten en el agua para calentar, otros intentan calmar los nervios con saltitos y pequeños movimientos, otros simplemente se abrazan...Absorto en mi pensamiento siento recorrer por mi cuerpo el miedo de arriba abajo. Suerte que esa mañana llevaba puesto el disfraz de valiente. Soy de aquellos que piensa que valiente no es aquel que no tiene miedo, sino aquel que a pesar de tenerlo, es capaz de enfrentarse a él. Y aquí había venido a pecho descubierto. Salen los pros y comenzamos a caminar lentamente hasta que llegue nuestro turno. La sensación es indescriptible en el momento en que el agua toca la planta de mis pies. Estoy a punto de comenzar un Ironman...


Cuando las brazadas se comienzan a suceder desaparecen todas las sensaciones que he ido sintiendo hasta ese momento, es más, durante todo el largo recorrido de ese día no dudé una sola vez de que iba a cruzar la línea de meta. La salida escalonada es todo un acierto, porque nadadores pato como yo pueden hacerse su hueco y nadar sin apenas problemas. Las boyas parecían alejarse a medida que intentaba aproximarme a ellas, pero sabía que la clave era continuar, continuar y continuar y no dar cabida a la desesperación y la ansiedad por querer alcanzar pequeños objetivos antes de tiempo. Recuerdo cuando escuchaba decir que la natación de un Ironman es un simple trámite y el gesto de la más absoluta incredulidad afloraba en mi rostro. Ha pasado un año desde el día que empecé a nadar y con 25m me bastaban para tener que agarrarme al bordillo de la piscina y decir no puedo más.
Hoy puedo decir que seré uno de esos que dirá que si no es un trámite, al menos se le parece. Casi 4 km después y orgulloso de una natación en un tiempo más que aceptable para mí (1h35min16seg), T1 en 5'49'' y vamos a por la bici.



Si había algo que sabía que me podía tumbar eran los 180 km en bici. Nunca antes había realizado tantos kilómetros, es más, sólo una vez alcancé los 150km entrenando. Era el sector donde tenía centrada toda mi concentración, pues sabía que si conseguía salir vivo de ahí, sería cuestión de perseverar a pie. La primera parte era llana y rápida y daba paso a la parte divertida donde recorríamos diferentes pueblecitos a través de carreteras donde abundaban los repechos, pero he de decir que hasta se agradecía ir cambiando de posición en la bici. Llega el km 60, mientras me voy preguntando si habremos pasado ya el puerto conocido como "The Beast", porque avanzábamos y avanzábamos y aún no habíamos enfilado nada demasiado exagerado. Pero apareció...¡vaya si apareció! Las duras cuestas comenzaron a enfilar a los atletas en fila de uno y el cabeceo típico de ascensión se visualizaba entre pedaleos. Tras un largo rato de subida, descenso y vuelta al centro para culminar con la escalada a Heartbreak Hill.



La gente se agolpaba en el duro repecho y dejaba un sólo pasillo para pasar mientras hacían sonar sus campanas y dejaban su aliento a todos los corredores. A pesar de su dureza, el apabullante ánimo de la gente te llevaba en volandas. Primera vuelta completada. Queda otra. No puedo decir que haya pasado lenta, pero tampoco puedo decir lo contrario. Tocaba mantener la mente fría y seguir metiendo el ritmo constante que había llevado hasta ahora. Llevaba ya cerca de 5 horas compitiendo y se vislumbraba lo más duro. Intenté no declinar el ritmo, aunque se hacía bastante pesado rodar y rodar pensando sólo en no dejar de pedalear. No podría describir todo lo que sentí a lo largo de tantas horas, lo que sí puedo decir es que es un sube y baja de sentimientos y estados de ánimo que hay que saber gestionar muy bien para obligarte a seguir una y otra vez. 

Me encuentro en el km 130. Los repechos de la anterior vuelta parecen haberse endurecido y se suceden hasta con mayor asiduidad. Comienzo a llorar. No era porque no pudiera más, aunque de buena gana me hubiera bajado en ese momento de la bici. Como dije antes, no dudé un sólo momento de poder llegar, ni siquiera en ese, pero sí iba asimilando lo que iba a tener que sufrir para hacerlo. Y en el momento más duro de la prueba llegó de nuevo "The Beast". A la altura de carrera que nos encontrábamos, me pareció demasiado cruel. Esta vez en el puerto los triatletas se contaban con cuentagotas y estaba sólo contra el asfalto que tendía al infinito cada vez que giraba una curva. Tras la ascensión que se me ha hecho infinita, he salido vivo..."Vas a tener que hacer algo más que esto para dejarme por el camino" - voy gritando mientras me aferro al manillar de mi bicicleta.

Nunca antes había pedaleado de forma tan constante ni a esa velocidad a pesar de lo empinado del recorrido. Quedaba aún un escollo: subir de nuevo Heartbreak Hill. Hubiera sido un escenario perfecto para darme la puntilla, pero esta vez sé que me esperan. Toca tirar de corage y darme a mi mismo un golpe de moral. Apretando dientes comienzo a ascender la colina como si acabara de comenzar a pedalear. Tras el primer tramo, esperaban escalonados Juanma, Fredy y Yoly que me dieron alas para culminar el tramo más duro que me quedaba. Apenas quedaba gente animando en aquella parte, pero gracias a mis fans, fue el mejor tramo de la carrera.

Tras 6h38min55seg, suelto por fin la bicicleta con la sensación de haberla vencido. T2 en 3'50'' y "sólo me queda un maratón".

Era la primera vez que iba a tener la sensación de correr tras tanto esfuerzo realizado, por tanto no tenía ni idea de lo que podía salir de ahí. Comienzo al ritmo que quiero, con ganas y fuerza, pero a lo largo de la primera vuelta me fui dando cuenta que no iba a poder mantenerlo. Creo que fue el momento clave del Ironman, pues decidí aceptar el ritmo que fuera saliendo en vez de obcecarme en una velocidad que me podía dejar fuera. La segunda vuelta fue sin duda la peor. No había podido ver a mi equipo, el ritmo había caído más de lo que me hubiera gustado y la fatiga y las molestias comenzaron a apretar. Tuve que parar en un baño del que salí con escalofríos y con la sensación de no saber que iba a venir después. Además tenía grabadas a fuego en mi cabeza las palabras de mi entrenador: "La peor vuelta es la tercera". Esto es el Ironman... De nuevo toca tirar de mente fría (que difícil pensar con sensatez a estas alturas). Decidí seguir comiendo y bebiendo a rajatabla en todos los avituallamientos y tomarme el tiempo que hiciera falta para hacerlo. Eso sí, no dejé de correr un sólo metro fuera de los avituallamientos durante cada uno de los 42 km del maratón.

Comenzamos la tercera vuelta...va a ser la peor...pero no pienso rendirme. Sigo, sigo y cabezón perdido sigo corriendo...Quedan dos kilómetros para terminarla y comienzo a encontrarme mejor y subir un poco el ritmo. Empiezan a cambiar las sensaciones y los pensamientos se centran en que la próxima vez que pase por esos metros estaré apunto de entrar en meta. Paso por penúltima vez por al lado de mi equipo y apretando el puño les digo: "Ahora sí..." Comienzo pletórico lo que sería la última vuelta del maratón del Ironman, engañando a la mente, pues andamos ya por el km 32. Esta la quiero disfrutar, aunque me tengo que contener, ya que aún quedan 10km.





A pesar de ir muy justo de fuerzas las calles me saben diferentes esta vez. Intento grabar cada imagen que iban captando mis retinas, absorbiendo hasta el último aliento que recibía e intentando disfrutar de cada sufrida zancada que daba.

Aún recuerdo el sonido de mi respiración entre sollozos a medida que me acercaba a recoger la 4ª y última pulsera que me daba derecho a entrar en meta. Llevaba dos en cada brazo, una por cada una de las vueltas. Y tras 3,8km nadando, 180km en bici y 42 km corriendo, doblaba la última esquina de estos 226km.

Una larga alfombra se extiende hasta la misma línea de meta mientras disfruto de los últimos gritos de ánimo de mi incansable equipo. No se trata de hacer un Ironman...se trata de cumplir un sueño. Uno de esos que aparecen y piensas que es tan increíble que no está hecho para ti...uno de esos que sólo tienes una oportunidad para cruzártelo y seguir su estela. Ese sueño estaba ahora bajo mis pies...después de 12h 49min 54seg no me hacía falta cerrar los ojos para verlo...

"You are an Ironman"




En la soledad tras la meta, mientras mis pies aún parecen deslizarse por el asfalto, voy pensando que se trata sólo de un Ironman...es tan sólo un triatlón...es tan sólo un sueño...

Por todos los que me dieron sus ánimos, por todos los que me dieron su calor en la distancia, por todos los que creyeron en mí...GRACIAS.

miércoles, 13 de julio de 2016

El reto en cifras...

La línea de salida. Ese es realmente el objetivo, aunque casi todos vivimos obsesionados con la línea de meta. Esto trata de enfrentarse al reto, de ser capaz de colocarte ahí tras haber iniciado algo que no sabías si eras capaz de hacer. Esa línea es la que marca la valentía, la voluntad y quién sabe si la osadía. 

Y es curioso darme por satisfecho antes de empezar, pero es que jamás...de los jamases pensé que iba a llegar hasta la línea de salida de un Ironman. Por eso puedo decir con orgullo: "Aquí está mi trabajo hecho...aquí está mi sudor, mis miedos, mis inseguridades, mi voluntad, mis lágrimas, mis emociones, mis ilusiones en forma de algo más que kilómetros..."


RUN

Cuenta:76 Actividades
Distancia:1000.89 km
Tiempo:77:05:48 h:m:s

BIKE


Cuenta:65 Actividades
Distancia:5,598.83 km
Tiempo:172:12:35 h:m:s

SWIM

Cuenta:68 Actividades
Distancia:140.55 km
Tiempo:59:30:04 h:m:s

TOTAL

Cuenta:209 Actividades
Distancia:6,740.19 km
Tiempo:308:48:27 h:m:s
El próximo 24 de Julio a las 6:40 a.m. me colocaré en la línea de salida y podré decir: "He llegado. Ahora sólo me quedan por delante 226 km..."

Para seguir online cómo va el día, dejo el enlace de la página. Supongo que en "Races" aparecerá algo como "live" o algo parecido. Mi número de dorsal es el 750. 

http://eu.ironman.com/triathlon/events/emea/ironman/switzerland.aspx#axzz4EEgot9Gw

miércoles, 22 de junio de 2016

¿Por qué un Ironman?

En la vida me hubiera imaginado que iba a hacer un Ironman. Y no es algo que viera lejano hace mucho tiempo y con el paso del mismo uno lo va viendo más probable...no. Si me preguntas hace justo un año, hubiera negado una y otra vez la simple posibilidad de planteármelo. 

Pero lo maravilloso de la vida es que te lleva a situaciones que nunca hubieras pensado y a veces hace falta tan sólo un paso para comenzar un camino que parecía imposible. Pienso que es cuando más se disfruta de la vida, cuando te abres a la incertidumbre y te lanzas al vacío con los ojos cerrados. 

No creo que hubiera un momento concreto que me hiciera decidir, pero es bastante probable que las dos personas de este vídeo tuvieran algo que ver en ello...


A falta de tan sólo 30 días, el desvelo empieza a hacerse presente, el corazón comienza a latir más deprisa, mientras en mi cabeza retumban una y otra vez las palabras que anhelo escuchar el próximo 24 de Julio....

"YOU ARE AN IRONMAN"


sábado, 28 de mayo de 2016

La semana de las cosas nuevas...

Mientras me metía en la bañera con el agua congelada para recuperar de la bici de hoy, hacía repaso mental de la semana y sin duda, ha sido peculiar. Tras el intento fallido de las 5 horas que me tocaba de bicicleta el sábado pasado, los fantasmas volvieron a sobrevolar mi cabeza, martilleándome con que el Ironman es demasiado para mí. Pero como no hay otra cosa en el mundo que me guste más que llevar la contraria, camino a mi casa ya iba pensando la manera en la que la derrota de ese día me iba a fortalecer.

Así pues, el domingo volví a repetir alarma de reloj a horas de las que duele sólo escuchar y decidí meterme una dura transición de 2 horas de bici + 22 km a 4'30''. Acabé reventado después de haberlo dado todo para resarcirme, pero el darle la vuelta a tortilla me hizo afrontar la semana con la mirada fija en el objetivo de cada día. Puede que el Ironman sea mucha tela, pero se las va a tener que ingeniar bien para dejarme a mitad de camino. 

No pretendas conseguir distintos resultados haciendo lo mismo. Y esta era la semana para ello: nadar por primera vez 3600m, salir a correr antes de las 7 de la mañana para luego irme a trabajar y rematar hoy con 5 horas y media dándole a los pedales desde las 5:58 a.m.
Todo ello cosas que nunca antes había hecho y que jamás pensé que sería capaz de hacer.



Aún me queda culminar la semana con los 26km que tengo que correr mañana, pero esto ya me suena de algo; aunque no sé si después de la carga de estos días tendré que acabar el entreno como una foca...

Comienza Junio, el mes más duro de entrenos, aunque es curioso que la semana que mejor he afrontado ha sido la más dura hasta ahora (como me ponen los retos). Empieza lo bueno y el preámbulo ha sido más que prometedor...

¡¡VAMOS BUYO!!

martes, 17 de mayo de 2016

Yo no nací para ser un Ironman...

Yo no nací para ser un Ironman. No tengo un don que me haga especialmente apto para hacer triatlón de larga distancia, ni tengo facilidad para alargar brazadas o pedalear con fluidez durante horas y horas...es más, si pienso lo que estoy sufriendo, todo lo contrario. 

No soy más que alguien normal, con muchas limitaciones y creo que lo más alejado posible a un superhombre, que es la imagen que parecen dar las personas que hacen un Ironman.

Pero eso sí, terco y tozudo como nadie. No importan las dificultades, ni la razón, ni tan siquiera la sensatez; cuando aparece algo en mi mente y creo ello, voy a por ello aunque no sea capaz de hacerlo o quede tan alejado de mí como hacer un Ironman.

Este es uno de mis mayores defectos, creer demasiado en mí...pero también es de mis mayores virtudes. Así que un día, no sé cuando ni en qué momento, el Ironman se cruzó en mi camino. Ese camino de las cosas imposibles que hace que haga cosas que nunca pensé llegar a hacer...el camino que esta vez tiene su fin en algún lugar de Zurich...