domingo, 22 de febrero de 2015

Maratón de Sevilla 2015...

"Era el día de entrega de calificaciones y como siempre un día especial por todo lo que ello significaba. Estaba muy contento con las notas que había sacado, pues su trabajo le había costado. Al llegar a casa, no esperaba que tras tener ocho sobresalientes y un sólo notable lo primero que escuchara de la boca de su padre fuera: "Y en inglés, ¿por qué no has sacado sobresaliente? Aquellas palabras se quedaron marcadas en la mente de aquel niño..."

Me han vuelto a seguir. Esta familia no se cansa de mi y un puñado de locos con carrito de bebé, pancartas y perros a cuestas me perseguirían por los primeros kilómetros de la prueba.



 Como no podía ser de otra forma, noche sin pegar ojo dándole vueltas y más vueltas a la única carrera que me desvela: el maratón. Mi camiseta de etiopía y mi cajón de salida a tan sólo 20 metros de la salida, indicaban claramente mis intenciones hoy. Temperatura ideal, el tiempo de espera que se hace tenso y cuenta atrás...3...2...1...¡SALIDA!

Tras el atasco del año pasado en Madrid en el primer km no quiero perder ni un segundo en este y pronto se puede empezar a rodar cómodo y rápido. No tenía un plan fijo, lo que me fuera pidiendo el cuerpo, sin locuras, pero sin quedarme atrás. Pronto paso el globo de las 3 horas con su muchedumbre pegada a él, pensando que ojalá sea la última vez que lo viera en el día de hoy. Continúo a un ritmo constante y avanzando firme permitiéndome el lujo de recorrer unos metros con el campeón del mundo Abel Antón, que andaba también por delante de las tres horas. Lo dejo atrás y sigo con mi ritmo. Iba cómodo y fácil, además de rápido, con lo que estaba disfrutando de la carrera y de mis pancartas en el km 1, 8 y 14. Muestra de ello, lo da mi parcial del km 10 y 15: 41'38'' y 1h02'47'' respectivamente. 

Pero el maratón es imprevisible. A partir del km 17 comienzo a notar unas molestias en la parte baja del abdomen, que empiezan a ir a más...a más...hasta convertirse en un dolor agudo. Tras dudar y dudar durante tres largos kilómetros, decido parar a hacer un pis antes de la media, para ver si así quito un poco de tensión a la zona y se suaviza la punzada. A pesar de la parada, paso por la media maratón en 1:27:43, pero el dolor continúa intenso y comprendo que no puedo seguir el ritmo que llevo marcando. Los kilómetros comienzan a hacerse eternos, tengo la sensación que me van pasando grupos enteros, me atraganto en un avituallamiento, se me cae un gel y para rematarme del todo, empiezo a tener fatiga...¿fatiga?, ¡pero si estamos en el veintipoco! ¿Acaso iba a convertirme en uno de esos cadáveres que deja la maratón a las primeras de cambio? ¿El tío del mazo tan pronto? No podía ser verdad, necesito cabeza fría para estos momentos en los que sólo aparecen en mi mente los pensamientos más agoreros. 

Había corrido bien hasta ahí, así que tenía margen acumulado. Decido dosificar y ceñirme a una media cercana a la que tenía pensada al principio, pero seguía teniendo la sensación que me estaba devorando la maratón. Piensa, no te dejes llevar...pero la puntilla me cae en el km 27 cuando marco 4:28...Tengo que reaccionar, pero...¿cómo? Sigo con mi estrategia de contemporizar y resistir. Si el maratón me quiere atizar, se va a encontrar el muro en mi. "No es tan fácil derribarme, necesitarás algo más que eso..."

Llegamos al 30. El punto clave de todo maratón. Pero en esta ocasión no es un punto de inflexión, ni para bien, ni para mal. Sigo aguantando como puedo, con la esperanza de que pronto me voy a encontrar con los kilómetros más animados de la prueba. Nos metemos por el parque María Luisa en busca de una ansiado km 35 marcado en plena Plaza España. He ido recibiendo golpe tras golpe y he llegado vivo hasta aquí. Justo al salir del circular recorrido de la plaza, echo la vista atrás y mis ojos se entreabren como queriendo no creer lo que están viendo: por la mitad de la plaza como soplado por un fogoso viento el globo de las 3 horas se deslizaba por el majestuoso escenario. 

Quedan 7 kilómetros...los peores...pero pienso que no podrán ser mucho peores que los que he pasado. Intento apretar un poco para evitar lo que parecía una caza inevitable. Notaba que tenía pulmón y que las piernas iban bien...¡maldita punzada!...¡maldita fatiga! Me mentalizo del ritmo que tengo que marcar y me pongo manos a la obra. El público se enfervoriza dejando un paso estrecho a los corredores y el ánimo que va calando con cada jadeo. 

Parece que me recompongo un poco y tras pasar por el 38, me empiezo a animar, porque conozco bien el camino a meta desde ahí. Me esperan...

Los kilómetros vuelven a fluir, a sentirme cómodo y por primera vez desde hacía mucho tengo la sensación que voy dejando corredores atrás. Es incomprensible esto del maratón...¿cómo puedo estar ahora mejor que en el 25? Aparece la Barqueta tras el único repecho de la prueba que a estas alturas ni me molesta. El público se vuelve a agolpar y sé que a la vuelta de la esquina estaba Yoyi. Pero antes paso por el km 40 echando el vistazo decisivo al crono...lo que marcara en ese punto iba a ser definitivo...

Conociendo qué iba a ser de mi prosigo mi camino...Yoyi tiene que estar cerca...no está...no está...¡ahí! Me esperaba con las gafas de video y nos gritamos mutuamente: ¡Vamos, que ya lo tienes!...y por primera vez, en mi mano aparece el tres...

Doblo la rotonda y una interminable recta nos esperaba, pero poco importaba cuán difícil se hiciera el camino hasta meta, iba a ser un paseo con sabor a recompensa por todo lo sufrido para llegar a conseguirlo. Al final de la recta, mis pancartas, mis sobrina, mi hermana y mi madre. "¡Lo tengo, lo tengo!"- les grito mientras intento contener un poco la emoción...bueno, realmente no iba conteniendo la emoción, iba gritando, la verdad, pero cruzar el km 41 de una maratón merece eso y mucho más.

El estadio se huele, anda cerca, ya no tengo que preocuparme del crono, que se que llevo controlado, ni de pinchazos ni fatigas y eso se nota cuando marco 4:09 en ese km. El túnel está ahí..."¡Ole los Sub 3!, esto es para nosotros...¡Vamos Sevilla!"...la entrada del túnel es un clamor. 

El estadio...el ansiado km 42...la meta...no puedo creer que lo vaya a conseguir después de haber sufrido tanto desde tan lejos...diviso a mi padre y mi suegro con mi pancarta en lo alto de la grada...brillaba más que nunca...enfilo la línea de meta y en mi mano fue el único lugar donde se vería el tres...2:58:24...lo hice...

"Sí que se vende caro bajar de 3 horas"- pienso mientras voy recorriendo el túnel en busca de la salida. Es curioso pensar que he rebajado mi marca en este mismo maratón en sólo 2 años en 30 min y 23 seg...creo que esta historia, ya estaba escrita...

"...hoy, un puñado de años después, aún agradezco a mi padre esas palabras, pues aunque en un primer momento no las supe digerir bien, con el paso del tiempo he ido dándole forma y se han transformado en una de las muchas cosas que me ha enseñado mi padre: "Si puedes, no te conformes". Quizás por eso hoy puedo decir que soy Sub 3..."






sábado, 21 de febrero de 2015

Antes de vernos las caras...

Esta entrada es sólo para ti. Para recordarte con quien te verás la cara mañana. No olvides que ya nos hemos visto otras veces, pero quería advertirte que no soy el mismo. Ahora soy capaz de doblegarme, de obligarme a jugar con la incertidumbre y la fatiga del pasar de los kilómetros como no lo había hecho antes. Nunca antes me había expuesto a tu castigo sin ningún tipo de escudo en forma de pausa en mi frenética respiracion. Jamás estuve tan cerca tuya en la mitad del camino. Y ahora que te rozo con la yema de mis dedos te anhelo más que en cualquier otra ocasión. Por eso, espérame, no te apresures, que ya lo haré yo, para vernos las caras y echar el pulso que tanto sufrimos y disfrutamos a la vez y que nos pone a cada uno en nuestro lugar. Juega a esconderte si quieres, pero sé que aparecerás, y entonces aparecerá en el apretar de dientes la que lleva esperándote desde que empezó esta historia...MI GRANDEZA...


jueves, 19 de febrero de 2015

La línea de salida...

El momento se acerca. La tensión se palpa en cada poro de la piel. La emoción es casi insostenible. Y cada uno de los corredores fijan su mirada en la línea...pero todos creen equivocadamente que el objetivo es la línea de meta.

Nuestro triunfo no está en esa línea...está en una línea que dista 42,195 m de la meta. Esa no es otra que la línea de salida. Ahí es donde realmente es difícil llegar. Es el límite que marca la zona de los valientes, los de la voluntad impertérrita, los bravíos, los cabezones y testarudos, los meticulosos...un puñado de nombres conocidos y una muchedumbre de anónimas almas empujadas por la locura. Todos han pasado por el exhaustivo test que somete la capacidad de decidir. Enfrentarte al maratón o no hacerlo.

Las miles de zancadas, las mañana sacrificadas bajo el sol o el frío nublado, las taquicárdicas repeticiones de idéntico asfalto, la infinidad de km recorridos...la dura batalla de tener que enfrentarte a ti mismo...

Así que te plantas tras la línea, una vez más, con tus mejores galas elegidas con el cariño más grande para la ocasión y pensando en lo difícil que ha sido llegar hasta ahí, comprendes que acabas de llegar a tu meta...

Y aunque me hubiera encantado acabar la entrada de hoy en el último párrafo, ya que estamos en la línea de salida, vamos a perseguir a nuestra grandeza...tan sólo tienes que seguir la línea verde...


sábado, 14 de febrero de 2015

La incertidumbre...

Las dudas...las malditas dudas que siempre se tornan en protagonistas la semana previa al maratón. Por más que hayas entrenado, por más que hayas seguido al pie de la letra los entrenamientos previstos, por más hidratos consumidos y por más kilometros y competiciones que te avalen...siempre hacen acto de presencia.

Y es que la sombra de los 42km abarca más de lo que parece en un principio. Cuando se acerca el día y la hora, todo aquello de lo que estabas firmemente convencido comienza a tambalearse en tu interior. Dudas del ritmo de carrera, dudas de la estrategia, dudas de los geles que tomarás...¡hasta dudas de qué equipación ponerte!

A falta de tan sólo una semana para la gran cita, toca serenarse, olvidarte de las malas sensaciones, pensar que el trabajo está hecho y que estás listo para enfrentarte al desafío que tienes por delante. Y por supuesto deshacerte de los nervios que literalmente te comen en estos días. Eso es lo que hay que hacer, estoy convencido, así que si alguien tiene idea de cómo hacerlo, por favor que me lo diga...

Mientras tanto, iré dándole vueltas a esto...


domingo, 1 de febrero de 2015

La cima...

El día era hoy. Aunque en mi interior no estuviera preparado para ello. Una semana de las que absorben a cualquiera y te ponen al límite en todos sus aspectos, precedía al día marcado. Quizás cuanto más fuerte te golpean, más fuerte te haces. Pero para creerse esto hay que mascar muy bien las cosas.

El caso es que tenía 33 km por delante, pero no unos kms cualquiera. Los de hoy eran los 33 de verdad, los que todo maratoniano espera para baremar sus posibilidades al enfrentarse al gran gigante de la distancia, los que te ponen en tu sitio, los que te plantan el muro en la cara y encima te pone el cartel de "quedan aún 9 kms para meta"...

Castigado aún por la media maratón de la semana pasada y los casi 70 kms que llevaba en mis piernas en esta semana, salía para enfrentarme al miedo, al reto, a la odiosa sensación de tener que enfrentarte a ti mismo y no poder con tu propia sombra...

Así, comprobaba en unos primeros kms donde me costó coger el ritmo una barbaridad, que iba a tener que ir buscando alternativas en mi propósito, porque incluso mi plan B se me antojaba complicado. Mi cabeza daba vueltas y vueltas pensando vías de escape, pero terco como pocos obligaba a mis piernas a seguir con un ritmo que no iba para nada acorde con mis sensaciones. No te rindas...aún es pronto. 

km 10, marco 4:08...tomo aire, comienzo a ir bien, ya que por primera vez en estos kms me puedo permitir el lujo de aflojar. Comienzan a fluir mis piernas y a sentirme cómodo. Me había marcado el km 15 como punto de inflexión y lo había pasado sin darme cuenta. Llego al 21 y voy voy voy...

Me empiezo a comer la veintena mientras tengo más que vigilado el cronómetro...tocará sufrir...lo sé...no puedo pretender que esto sea fácil...sé que tocará sufrir...y te espero con ganas...22...23...24...25...26...27...aquí llegas...

Los kms empiezan a pesar más...se me endurece el rostro, pero tras la máscara del esfuerzo voy sonriendo...no dejo que se me escape ni un sólo segundo...es más, voy disminuyendo el tiempo a medida que avanza la distancia...llego al 32. Me queda un km. He sufrido en los últimos, pero creo que es injusto si me considero un sufridor..."esto no es sufrir" - me repito. Suena Chandelier en mi mp3. 

Comienzo a correr...aprieto...aprieto...me contengo... aprieto...comienzo a llorar...aprieto...aprieto... me contengo...aprieto....se acabó...dejo el km 33 en 4:01...

Parando el crono con 33.01 km en 2:19:03 acabo de recorrer los 33 km más rápidos de mi vida a 4'13'' de media...suelto un ¡vamos Buyo! con rabia y comienzo a alzar la vista desde la cima de mi entrenamiento. "He trepado bien, ahora sólo queda ir cuesta abajo hacia meta"...Sevilla me espera...