domingo, 15 de noviembre de 2015

I Desafío Sierra de Villaluenga

¡Estampado!¡De bruces con la realidad!¡Zas, en toda la boca! Cualquiera de estos podrían servir de titular de mi carrera del sábado. Después de un irregular mes de entrenos, dejándome persuadir más de la cuenta, llegaba a este trail con la intención de disfrutar un poco de correr, ya que tanto lo había echado de menos preparándome el medio ironman. Pues se me van a quitar las ganas oye...

Hasta ahora todo lo que sonaba a trail por mi cabeza sólo traía recuerdos gratos de carreras duras, pero que se me habían dado mejor de lo esperado, podios de por medio incluidos. Pero los caminos o senderos con cuestas que yo esperaba sólo eran un dulce atisbo de realidad de lo que me esperaba. Lo cierto, es que inconsciente, al comenzar la carrera salí alegre, a mi ritmo, pensando que bueno, subiríamos, pero que no pasaría de sufrir un poco más de lo habitual para la distancia. Como en la mayoría de las ocasiones el plan era tirar y a ver que pasa.

Pronto me doy cuenta de qué va la cosa, cuando después de subir y subir por un sendero y otro, me veo siguiendo a un corredor por una encrucijada de piedras, zarzas, zonas enfangadas y demás terrenos ideales para practicar el running (nótese aquí la ironía). No puse objeción ninguna a caminar mientras subíamos, ya que me parecía imposible hacerlo de otra forma. Tras un largo y tortuoso rato, parece que salimos del primer gran escollo de la jornada y el terreno volvía a parecer algo más practicable.

Ahora es el momento. Toca tirar y meter mi ritmillo. Paso así unos 3 km donde las cuestas no nos abandonan, pero el terreno se alisaba al menos. Descanso para mis castigados tobillos. Se me habían desatado hasta los cordones. Iluso de mi que encorajé por perder el tiempo en atármelos...¡si hubiera sabido qué me esperaba luego!

Pasamos por delante del pueblo y había oído que quedaba lo peor. No me lo quería terminar de creer, pues la subida al anterior puerto había sido un suplicio. Pero allí estaba...tras un serpenteante recorrido por las cuestas más empinadas del pueblo nos encontramos con la cara oculta de la montaña. Mis ojos se entreabren intentando localizar el balizaje para seguir el camino...veo las balizas...pero no el camino. Frenazo en seco. Tras unos momentos para pensar y sin tener clara todavía la estrategia comienzo a seguir a un corredor que se veía un poco más arriba. Ahora comenzaba a enterarme de qué iba esto. 

Por ahí no se corre, se trepa (ahora lo tengo claro).
La verdad es que no quise empezar a quejarme y compadecerme antes de tiempo, así que comencé a subir como pude entre las piedras que me encontraba en la ladera de la montaña, pero a medida que subía o más bien dicho trepaba, porque hacía un rato que había perdido ya mi posición vertical, la moral bajaba mucho más rápido de lo que yo era capaz de ascender. Cuando parecía que quedaba poco una nueva cumbre se atisbaba en lo alto. Había caído en la trampa. Ahí me di cuenta que no me había preparado para la carrera y que no estaba acostumbrado a enfrentarme a estas circunstancias. Pronto comencé a sufrir muscularmente más de la cuenta, a sentirme que se subían los gemelos, isquios y todo subía....menos yo.

Sería interminable contar las sensaciones hasta llegar a la cima, pero es que una vez allí había que rodear la montaña entera y no precisamente sobre un camino de baldosas amarillas. Los sube y baja entre las piedras se sucedieron hasta minarme la moral y la energía que me quedaba. Apenas podía arrastrarme en los pequeños metros llanos que encontraba. Como pude alcancé el último avituallamiento a falta de 3 km, donde me paré un rato a beber y comer lo que pude.

Así que masticando chocolate salí anhelando una meta que se hizo esperar. No era el día de la épica ni de partirse un tobillo o algo peor (que no ando yo muy suertudo con los contratiempos últimamente). Así que antes de dejar muestras de mi adn en un pelote, me lo tome con calma y preservar la salud. 

Por fin enfilo el sendero pedregoso que llevaba hasta meta, notando gloria bajo mis pies mientras pienso quién me manda a mi en meterme en estas aventuras. El escenario me había devorado por completo...pero allí estaba. Justo donde había salido 3 horas y 27 minutos antes...

Resultado I Desafío Sierra de Villaluenga
Distancia: 28km 500m
Posición general: 24
Posición categoría: 13
Tiempo: 3h 27min 30seg


lunes, 2 de noviembre de 2015

Punto de inflexión...

Siempre hay un día, un momento que te hace cambiar, aunque dicho momento sea tan sólo el segundo en el que decides dar un giro a tu vida o sencillamente el instante en el que decides seguir con todo exactamente igual. 

Después de tontear con mi pasado y coquetear con el placer de la desidia y el abandono, toca ensimismarme en la búsqueda de la constancia, perseverancia, fuerza, motivación y un largo etcétera que me lleven hasta el siguiente punto y seguido.

No es fácil enfrentarse a uno a diario; quizás sea nuestra más ardua tarea, pero es la única vía que tenemos de poder asimilar y jugar a superar la partida que te ha tocado. 

No desesperes, no te sientas superado aunque la meta te abrume, respira hondo y no olvides sonreir antes de comenzar, porque lo que te espera...es muy grande.



I Desafío Sierra de Villaluenga
14 de Noviembre