domingo, 16 de octubre de 2016

II Trail de Olvera...

Antes de recorrer un largo camino, antes de emprender cualquier viaje, antes de comenzar una nueva aventura, siempre hay un primer paso. Aquel que se da de forma consciente o sin haber pensado aún el rumbo. Ese paso lo hemos dado este fin de semana, poniendo en marcha la maquinaria y sacando a pasear las zancadas que llevaban ya guardadas un tiempo.

De nuevo un trail daba comienzo a la temporada, y al contrario que el pasado año, esta vez iba concienciado de que un trazado con tanta cuesta (o algo peor) iba a hacer arrepentirme tramo a tramo de haber escogido esa carrera para estrenarme. A pesar de ello, las zapas de siempre me esperaban para al menos, comenzar a meter el gusanillo en el cuerpo.

Todo empezó cuesta arriba. Un largo y tortuoso camino que nos llevó a coronar el pueblo, para adentrarnos en un vertiginoso descenso, que fue enfilando al numeroso grupo. El descenso fue largo y como de costumbre, suelo moverme bien por estas lides, aunque en una de estas me voy a matar un día. Tanto estiré mis posibilidades que antes de que el terreno se tornara hacia arriba, tenía al grupo de cabeza a tan solo unos metros. 

Pero la realidad fue casi tan cruel como amable fue hasta ahí la carrera. El empinado terreno absorbió rápidamente cada uno de los gramos de energía que tenía en mis pesados cuadriceps. Era un querer y no poder. Donde en otras ocasiones la voluntad había suplido la falta de fuerzas, esta vez esa voluntad no estaba entrenada ni sometida a mis intereses. 

No quise, sin embargo, dejarme llevar por la desazón y decidí tomar una visual poco a poco de lo que ya sabía: no iba a poder ir rápido, iba a sufrir de lo lindo y me iba a querer rendir por el camino. Conocer, no significa aceptar, así que conseguí que aún no se escribiera el guión definitivo sin contar conmigo.

Y lo que pasó realmente fue que tras llegar destrozado a la última recta y tragando aún para que el corazón no se me saliera de la boca, enfilo meta 4º de la general (algo impensable a estas alturas de temporada) y dejo una nueva línea tras mis pasos. Unos pasos que ya tienen rumbo y...¿quién sabe dónde me podrán llevar?


domingo, 9 de octubre de 2016

Ser paciente...

¿Cuántas veces en la vida te han dicho que tienes que ser paciente y que el tiempo irá marcando lo que deba ser? Cientos...miles...e incluso millones de veces entre las palabras que han llegado directamente a mis oídos y las que han retumbado solas en mi pensamiento como un eco inagotable.

Pero la realidad es que la paciencia no es mi fuerte y por mucho que intente interiorizar en mi interior el concepto, lo cierto es que la ansiedad se hace presente más de lo deseado pujando por hacerme precipitarme una y otra vez. La vida de hoy está completamente reñida con la paciencia: prima la inmediatez, presiona la eficacia y cualquier molestia debe ser eliminada con total rapidez para que no llegue a desembocar en ningún trauma subyacente. 

Y es que el tiempo es oro y esa persona perfecta, imperturbable y eficiente que esperan que seas se puede perder en un sólo instante de desidia; un error difícilmente perdonable. Así que mientras vas aplacando la paciencia de los demás, no vaya a ser que les puedas perturbar en algo, le vas dedicando tiempo a construir esa persona que necesitan los demás, mientras que a la vez, le vas exprimiendo el tiempo a construir tu propia paciencia. Y esto puede llegar a ser un gran problema, sobre todo cuando la persona que más te exige eres tú mismo.

Por ello hay que ser paciente, y para ello debes escuchar esas voces que resuenan en tu cabeza, pero solo las que provienen de tu interior. Debes ser honesto contigo mismo y solo en ese momento, podrás empezar a construir la persona a la que tendrás suficiente paciencia como para aceptarla a tu lado.

Aunque no sea el momento y me vuelva a precipitar, veré que puedo hacer con mi paciencia...

Sábado 15 de Octubre
10:00h
II Trail de Olvera