sábado, 15 de julio de 2017

Ironman de Frankfurt 2017...

Me negaba. No pensaba pasarme otra vez sufriendo como un cochino durante 13 interminables horas. A pesar de lo bonito que fue estrenarse en un Ironman el pasado año, se convirtió casi más en una obligación por terminar que en disfrutar haciendo lo que a uno le gusta que es hacer deporte. Así que si algo he trabajado los días previos a la prueba ha sido concienciarme de que iba a disfrutar de la misma. Y que verdad es que cuando uno más disfruta es cuando van saliendo las cosas porque uno se ha preparado concienzudamente. Entonces el sufrimiento, aunque presente, sabe hasta dulzón. Y no es porque el año pasado no me preparase, que mis sudores durante el año demostraron lo contrario, pero la "L" la llevaba marcada en la frente.

Para variar, todo fue acelerado, la cuenta atrás se nos vino encima y cuando nos dimos cuenta el equipo estaba al completo con los pies en la arena dispuesto a darlo todo. Ese distinguir un "VAMOS BUYO" entre la multitud no tiene precio. 


Me encuentro ya entre la muchedumbre de neoprenos...otra vez esa sensación indescriptible...otra vez los 226km justo delante de mis narices...

Así que decido sentarme en la arena. Consciente de que mi ritmo de nado no es de los primeros...ni de los segundos...ni de los terceros si quiera, sabía que me quedaba un rato y una vez que he visto la salida de los pros prefiero ensimismarme en mis sensaciones y disfrutarlas antes de empezar. Después de todo, solo se viven esos momentos una vez al año si acaso. Hora de comenzar, sonrisa en mi cara como premisa y a nadar...


Este año después del sub-3h en el maratón solo tenía la pretensión de demostrarme a mí mismo que nadando y en bici me iba a superar, que me lo había currado, que era capaz...Comencé la natación con el objetivo claro de meter ritmo y no cesar en la brazada, cosa que medio conseguí desde el principio ante el aluvión de palmetazos en el agua. La salida fue menos limpia de lo que esperaba, pero quería aprovechar la corriente de nadadores para meterme ahí a lo Nemo y poder rascar algo de ahí. Voy avanzando a buen ritmo y medio pronto llegamos al viraje de la playa, donde salimos del agua, saludamos y volvemos a entrar. Me alcanza la vista semiempañada para ver a mis fans y volver a sumergirme en el lago. No era el molesto sabor salado que te deja el mar al ir braceando entre olas. Al ir en medio de la masa de nadadores me iba orientando bastante bien y las grandes boyas naranjas marcaban el camino de maravilla. Intento mantener el ritmo imaginando una y otra vez el posible crono que podía marcar. Salgo del agua. Por fin he disfrutado nadando.
No he dejado al grupo de nadadores con el que iba, con lo que sé que he nadado bien. El reloj marca 1:25:50...10 minutos menos que el año pasado...mejor imposible.


Sabía que un buen crono en el agua me iba a dar un empujón de moral para afrontar el sector de bici. La transición era excesivamente larga, pero voy con unas ganas tremendas de comenzar a rodar. Tardando lo menos posible, ya estoy acoplado dando pedales y dirigiéndome al centro de la ciudad para comenzar la doble vuelta al circuito. Al igual que en el agua, soñaba con hacer un tiempo casi inimaginable para mí, pero hay que soñar para alcanzar metas.
Decido ir controlándome por tiempo en vez de por distancia, ya que si no se iba a hacer eterno. Así pasó la primera hora y la segunda, donde pasamos los dos primeros repechos importantes y el reloj parecía estabilizarse en los anhelados 30km/h. Todos sabemos que la primera vuelta es engañosa y que después se avecina lo bueno cuando la distancia comienza a machacarte y apoderarse a sorbitos de tu energía. A pesar de ir bien, la mente comienza a fallar en cualquier momento. Cerca del km 50, en un terreno aparentemente asequible y con la media de carrera deseada aparecieron los fantasmas. Creía que me iba a comer esto en un par de horas, pero resulta que llevo prácticamente 1/4 de recorrido solamente. La distancia comenzaba a hacer de las suyas...pero con lo que no contaba, era con la confianza desmesurada que tenía dentro del mono este triatleta. Mientras tanto, un tal Sebastian Kienle con el número 1 a la espalda me pasa como una exhalación allá por el km 70. Lejos de amilanarme seguí apretando dientes y pedaleando como una máquina para encontrarme con "Heart Break Hill", un rampón enorme con banderolas y público a reventar a ambos lados de la calzada. El último escollo de la primera vuelta lo paso no sin apuros, pensando cómo me iría la próxima vez que pasara por ahí. 


Tras el giro de los primeros 90 y pico kilómetros, y alentado por un crono esperanzador, saludo con puño en alto a mi gente que se han colocado estratégicamente para que los ánimos sean visible. Subidón y a calmar pulsaciones que esto se me va de las manos. Sigo bien, sigo animado, sigo con fuerzas y sigo con ganas de estar en la bici. Todo buenas noticias obligadas por la sonrisa que llevaba de careta. La única mala noticia es que los kilómetros se iban sumando a mis piernas. Podría haber aflojado, podría haberme dosificado, pero tenía que lucharlo a muerte como fuera. Paso un escollo, paso el siguiente y sigo quitándome de en medio repechos con el puño apretado.
Maldigo los dos parones que tuve que hacer por haberse salido la cadena, pero voy dando las gracias por no haber pinchado o algo peor, que algún susto en el cuerpo me llevé después de ver algún triatleta en el suelo. Van pasando los kilómetros y voy descontando horas a mi reloj haciendo cábalas. Esto se va haciendo cada vez más difícil. Los repechos pesan más, las cuestas absorben más...pero la terquedad tiene límites insospechados. Tenía el convencimiento de seguir disfrutando de la bici y para ello debía seguir apretando. "Madre mía vaya maratón que voy a hacer"- iba pensando mientras no cesaba en mi empeño. Parece escaparse un poco la velocidad media y el repecho gordo está por venir..."Road, te dije que esto me iba a costar un poco más"...subo el último peldaño de la bici y una vez arriba comienzo a apretar en la bajada con lo que me quedaba. No se me podía escapar...y así fue. 5:51:10...había volado a más de 30km/h.


Apretando el puño y lanzando un "¡VAMOS!" suelto la bici con los deberes hechos. Y lo mejor de todo: no había dejado de disfrutar hasta ese momento. Acababa de cumplir mis objetivos en el Ironman...no me podían haber salido mejor los dos primeros sectores, por debajo de lo previsto y saboreándolos. Así que lo tenía claro: la maratón iba a ser un premio para mí. Nada de sufrir a lo tonto. Me daba igual que se me fuera el crono donde quisiera. Mi tarea estaba hecha. Querido míster, creo que has hecho un gran trabajo.

Así pues, comienzo a dar zancadas a mi aire, casi flotando por la alfombra y con la obligada misión de no forzar absolutamente nada. Los kilómetros comienzan a fluir y las sensaciones son inmejorables. Voy supercómodo y los tiempos de paso oscilan entre 5:15 y 5:25...cada vez que veo a mis fans me pongo a pegar saltos y saludarles efusivamente. Lo cierto es que iba estupendamente y esa fue la tónica de las dos primeras vueltas. Ahí me fui dando cuenta de que quedaba lo más duro y por más que mi premisa fuera disfrutar, me iba a enterar de lo que era bueno.


Aunque iba sin ninguna presión corriendo, ya quien más quien menos me conoce y sabe que con el rabillo del ojo iba mirando el reloj. Más o menos sabía que tardaba 1 hora en hacer el recorrido de 10.5km de cada vuelta y que lo llevaba a cabo hasta ahora, pero también sabía que si había llevado un ritmo alegre ahora lo iba a pagar en las dos crueles vueltas que me quedaban. Eso sí, había decidido no dejar de correr ni para hacer el jabalí en los avituallamientos. Y digo el jabalí porque era digno de ver como metía mano en carrera al agua, iso, Coca Cola, gel, naranjas, saladitos y todo lo que me ofrecían mientras me ponía dos esponjas en la cabeza y hielo por dentro del mono. Un numerito vamos...

Lo cierto es que tras sufrir de lo lindo y mantenerle el pulso a la cabeza durante la tercera vuelta iba descubriendo poco a poco y lentamente lo  verdaderamente duro que es un Ironman. Había visto a Juanito nada más empezar a correr, a Falele mas adelante, Samuel un poco más allá y había recibido noticias de Javi y Ale. Todos ellos estaban dejando su destello de pundonor en el asfalto. Si estoy aquí a estas alturas es porque me he entrenado con los mejores. ¡Qué grandes sois chavales!

Comienzo la cuarta vuelta con 31.5km ya en las piernas y en el horizonte un sub-4h en el maratón del Ironman que pondría una guinda impensable a la prueba. Ya no había mesura, ya lo estaba dando todo y forzando después de la paliza. Los corredores que caminaban se contaban por puñados ya desde hacía un buen rato. El calor apretaba desde la segunda vuelta de la bici y hacía mella en cada uno de los pasos que se daban. Esta sí toca sufrirla. Iba apurando cada metro de asfalto deseando tener noticias del kilómetro por el que iba para ver que todavía había algo de esperanza. Sabía que en la meta el crono iba a ser increíble, tenía la seguridad de un recibimiento tremendo de los míos, pero en lo más profundo de mí anhelaba esos 3:59 como nada en el mundo...

Km 38. La cabeza ya no va. El reloj parece más cruel que nunca y el ritmo y las sensaciones no deja pie a la duda. En cualquier otro momento se hubiera acabado...pero no hoy. No el día que había decidido disfrutar de un Ironman. Me aferro al último hilo de esperanza que me queda, me salto el último avituallamiento y aprieto...aún estoy vivo. No voy a dejar al Buyo del km 42 sin la oportunidad de poder hacerlo...tras 4 kilómetros dejándolo todo llego hasta ese Buyo, que resulta que es el mismo que había decidido disfrutar, pero que para ello los últimos 200m hacia meta los hacía con un parcial de 3´49´´/min. 

Puño en alto, sonrisa de oreja a oreja y brazos abiertos para recibir una meta que esta mañana se me quedaba a 226km depués de 11horas 26minutos y 49segundos...


Voy a abrazar a los míos después de haberlos visto en la recta de meta. No sabía en qué tiempo había entrado ni nada por el estilo (poco después me enteré que había bajado de 4h en el maratón por 14 segundos), pero en ese momento me daba absolutamente igual ya que, esta vez sí, había disfrutado de lo lindo durante todo el día. 

Lo más difícil de lograr algo imposible, es repetirlo... 

"YOU ARE AN IRONMAN"






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