domingo, 4 de junio de 2017

Amonoman 2017...

Será porque esta semana he decidido ser feliz. Será que cuando se está convencido de algo no hay obstáculo que impida  conseguir lo que quieres. Será que lo mejor que uno puede hacer es querer con todo lo que eso conlleva.

Lo que está claro que cuando uno lo da todo, no hay nada que reprocharse y...convéncete; las cosas saldrán. Con estos pensamientos amanecía en mi casa a las 6.am. y mientras iba improvisando un poco lo que me iba a hacer falta, poníamos rumbo a enfrentarnos a mi tercer medio Ironman, con vistas a dar un puntito más a la preparación hacia Frankfurt. Además había sorpresa en mi bolsa de corredor: Mono de equipo para el Ironman en tierras germanas. Regalo adelantado de cumple de Yoli, que no deja de sorprenderme, con la complicidad de Ale, que a pesar de martirizarme con los entrenos, ya le estoy cogiendo hasta cariño.


Quien vea a 50 locos enfundándose neoprenos a las 7 de la mañana en la playa no da crédito. Casi no lo doy ni yo, osea que...La idea del Amonoman es magnífica: un grupo de amigos que se reúnen para hacer lo que les gusta. Además, cada año creo que sale mejor. Eso pasa cuando las cosas se preparan con mimo.

Así pues, a nadar se ha dicho. Me puede un poquito la ansiedad, ya que no quiero perder contacto con el grupo aunque sea en las últimas posiciones. Parece que lo voy consiguiendo y poco antes de girar aún sigo acompañado por algún nadador. Como las olas hicieron acto de presencia y no se veía muy bien, cuando los nadadores que venían de frente se contaban por puñados ya, decidí volverme por seguridad. La ida fue más o menos, la vuelta fue un poco caótica, porque el agua parecía haberse embravecido y no podía divisar bien por donde iba. La playa de Camposoto no es santo de mi devoción para nadar, porque si yo de por sí me oriento mal, con la curva que hace en su mitad, peor aún si cabe. Entre curvas y cachetadas a las olas yo sigo viendo gente y cuando parece que estoy llegando, a pesar de ver la piragua, hay aún unos cuantos nadadores en el agua. Parece que no ha ido tan mal...¡Vamos por la bici!

Hoy tenía en el punto de mira la bici. Mi cruz, mi martirio, mi criptonita...el sector a dos ruedas que tanto se me ha atragantado y que tantas veces me ha hecho sufrir. Hoy no podía ser así. Alentado por mi entrenador tenía que pegarle fuerte en esta parte y si bien después tocaba correr una media maratón, dejé eso a un lado y decidí desde el principio que me daba igual como llegar a la carrera. Los primeros instantes no terminan de crearme buenas sensaciones, pero muy pronto comencé a pillarle el ritmo y la velocidad comenzaba a subir con el paso de los kilómetros. Voy cómodo forzando y gustándome y aunque me pasan un par de triatletas, ya contaba con ello, no me dejo apabullar. Voy camino de la primera hora y el pedaleo no ha decaído lo más mínimo y justo ahí me pasa Manolo que iba con Jesús. La estampa la había vivido millones de veces: me saludan, me pasan, intento seguir dos pedaladas, y me como los mocos porque no hay cojones...

Pero esta vez no. Me aferro a la rueda convencido de que toca ir rápido y que si tenía que sufrir estaba dispuesto a ello. Parece que me he enganchado y decido aguantar hasta lo que me dé el cuerpo. "Lo pagaré" - voy pensando mientras no me importaba lo más mínimo. Los kilómetros van pasando y ahí sigo empecinado en no perder rueda, incluso dando relevos...Mi corazón bombeaba sangre y deseos, mientras mi cabeza me decía que esto tendría un final más temprano que tarde. Mi corazón estaba convencido. Mi cabeza no.

Llegamos a la mitad del recorrido y no había perdido comba. Solo tocaba volver. Vamos pasando corredores durante todo el camino, y con el viento en contra y Manolo en busca del grupo que nos precedía, el esfuerzo comienza a ser mayúsculo. No pierdo la fe y tras una larga travesía apretando dientes, ya camino de Barrio Jarana, conseguimos unirnos al grupo, del que ni cortos ni perezosos, nos ponemos a tirar. No podía creerme la media que llevaba: ¡34km/h! Ni en salidas de una hora dándolo todo había pasado de 31 por hora. ¿Qué me ha pasado hoy? ¿Me habré dopado sin querer? Es que no me lo podía creer. Manteniendo la media, llegamos al descampado para soltar la bici. Ha sido impresionante, pero ahora tocan 21km de carrera.

Temía el calor, pero el poniente nos salvó en un tramo de una insolación anunciada. No pretendía ir rápido, solo mantener un buen ritmo. Me uno a Luis y lo sigo las dos primeras vueltas. Buen ritmo. Ya sabemos que esto es seguir, seguir y seguir. Y eso hice el resto de la carrera. Acabando la penúltima regresa Yoli, que había estado conmigo por la mañana, para animarme y echarme alguna fotillo. ¡Tiene ella más mérito que yo!

La última vuelta me sabe a gloria a pesar del cansancio. He conseguido lo que no creía y voy camino de acabar mi tercer medio Ironman. Recuerdo la incertidumbre al enfrentarme al primero y me veo aquí y no me lo acabo de creer. ..últimos metros y...¡AMONOMAN!


Las sensaciones de cara al Ironman del mes que viene han dado un giro considerable. En un año en el que aún no había encontrado el punto de forma que me hace sentir bien y agusto, hemos dado un mazazo sobre la mesa. Hoy rodeado de un montón de triatletas con un currículum y una experiencia increíbles, me he sentido como uno más. "Casi ná..."




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